GABRIEL Y EL AVIÓN

GABRIEL

La mañana estaba resultando agotadora. Después de salir de casa a las 5:30 de la madrugada, para ir a la Aduana, y llevar a cabo una serie de supervisiones rutinarias, ya de vuelta en la comisaría, no había habido ni un solo momento de calma. Los teléfonos sonando sin parar, el jefe, interrumpiendo continuamente con sus órdenes, y ese calor húmedo ….

El Jefe de Investigación de la Brigada Antidrogas de la policía se sentía viejo. Nada de lo sucedido le habría agotado hace apenas un par de años, acostumbrado como estaba a las jornadas interminables, a las noches sin dormir … y sin embargo últimamente había algo que le preocupaba, le mantenía intranquilo. Era el expediente del avión de la playa no resuelto, el que sin duda, le tenía ausente y algo ido.

El asunto, no podía ser más sencillo, un avión ameriza forzosamente en una playa debido a la persecución de un helicóptero de la policía. El hidroavión se estrella con un alijo, al parecer de cocaína, y los dos tripulantes desaparecen con la carga y, tras una serie de averiguaciones, la policía federal da por cerrado el caso. Todo parecía normal. Él mismo había leído el informe de los federales y por ser del ámbito de competencias de su Brigada, había revisado al día siguiente los restos del aeroplano preguntado en las localidades cercanas por los supuestos narcos y había archivado el tema.

Unos seis meses más tarde, llegó a la oficina un gringo de la DEA… ¿cómo se llamaba? ¿Mac? Y había empezado sutilmente a hacerle preguntas. Quería saber qué información tenía la policía acerca del avión y cómo estaban las cosas.

La cuestión no podía ser más paradójica, el Presidente del Gobierno, hacía apenas dos meses, había roto abiertamente sus relaciones con la DEA norteamericana por considerar que ésta era una tapadera de la CIA en su país, y este gringo, ni corto ni perezoso se plantaba en su despacho, con actitud altiva pretendiendo que él le contara cómo estaba el tema del avión ¡era insólito, desde luego!

Este episodio, no obstante hizo, que a los pocos días, sin duda por que la visita le había recordado el asunto, el Jefe de la Brigada comenzara a buscar entre sus papeles. El expediente en un primer momento no apareció, pero el desorden de su despacho era tal, que sin darle mayor importancia, y tras recibir una llamada urgente se olvidó del asunto.

Pero algo tenía ese avión que siempre volvía y volvía sobre él. Y fue una segunda casualidad, la que le hizo comenzar de nuevo a pensar en el tema … El Inspector, un martes por la tarde, recordaba perfectamente que era martes, porque era el día que iba a arreglarse la barba desde hace 2 años y acababa de volver de su habitual cita, le llamó al despacho, para charlar sobre el asunto del alijo desaparecido y del avión. No sin cierta sorpresa, El Jefe de Investigaciones empezó, esta vez sí, a buscar concienzudamente el expediente sin encontrarlo, y tras poner patas arriba, literalmente, el despacho concluyó que este había desaparecido.

El asunto, le preocupó, pero lo hizo, muchísimo más aún, la aparente falta de importancia que le dio su superior al tema.

- Gabriel, déjelo, no tiene importancia. Todos lo días desaparecen expedientes, sin que por ello podamos probar que hayan sido robados. Quizá, simplemente se extravió.

Esto si que era algo extraño, el Inspector García, meticuloso y ordenado hasta un extremo que se podría calificar de maniático, pensaba que la pérdida del expediente carecía de importancia.

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EL INSPECTOR

El Inspector García se encontraba desbordado, desde hacía unos 4 meses, el trabajo había aumentado sin cesar … cada vez era mayor el número de líneas de investigación abiertas de tráfico ilícito de estupefacientes, y además, el hecho de que la Brigada de Investigación, hubiese abierto un espacio anónimo en su página web para contar con la ayuda de los ciudadanos, no había hecho más que complicar las cosas. Las órdenes venían de la capital, como siempre. La Brigada Central, había considerado útil habilitar este espacio para evitar que la conciencia de “traición” de todo aquel que denunciaba prácticas sospechosas de sus vecinos desapareciera… En principio la idea, en la Brigada se había asumido con agrado, quizá sea útil, pensó el Inspector, poco amigo no obstante de las nuevas tecnologías. Y dedicó a uno de sus hombres más jóvenes, Emilio, a la tarea de controlar y cribar todos los mensajes y denuncias que se recibían por este cauce.

Al poco tiempo, Emilio era incapaz de elaborar todos los informes necesarios para tramitar este servicio y el Inspector decidió que también Laura podía dedicarse a ello temporalmente. Normalmente la mayor parte de denuncias eran desestimadas, pero de vez en cuando se indicaban sitios concretos en los cuales el escritor anónimo aseguraba haber visto trapicheos de drogas e incluso droga escondida. Esto lógicamente imponía la necesidad de llevar a cabo una inspección ocular, que de nuevo hacía que su servicio tuviera más y más trabajo.

Por otra parte, estaba el tema de Gabriel, su Jefe de investigaciones, el hombre con más experiencia de la Brigada, que trabajaba en Narcotráfico desde hacía más de veinte años, desde hacía tiempo parecía no concentrarse. Desde que su mujer se fue de casa, sin despedirse, sin una nota y llevándose apenas algo de ropa, él no había vuelto a saber nada de ella. Habían pasado unos dos años, y ya nadie en el trabajo le preguntaba por ella. Su hombre de confianza, su mano derecha había pasado de ser un hombre certero, brillante y resolutivo a obsesionarse con ciertos asuntos irrelevantes, que lógicamente, le absorbían tiempo y energías. El Inspector, de modo sutil trataba de desviar su atención hacia otras cuestiones pero sin demasiado éxito. Y ahora, andaba continuamente detrás de ese tema del avión estrellado .., claro, la unidad se resentía, y él no podía ni plantearse la idea de solicitar a otro Inspector que le sustituyese, esto estaba fuera de toda duda. Así pues, las mañanas y las tardes no eran suficientes para dar de si todo lo que era necesario y poco a poco los asuntos se iban agolpando. El día a día, mandaba.

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EMILIO

Emilio y Laura eran compañeros de promoción, habían hecho juntos el curso de prácticas y si bien ella se había especializado en seguimiento de rastros con los perros amaestrados de la Brigada Central y él en Blanqueo de Dinero, al final habían terminado quizá por la edad, haciéndose cargo de todos los temas relacionados con las denuncias que llegaban a la Unidad por Internet. Eso implicaba un gran cantidad de horas perdidas leyendo mails de lo más variopinto, que en ocasiones se leían en alto el uno al otro, sin poder contener una carcajada, pero también una estrecha relación con la INTERPOL a la que informaban de cualquier tema que consideraban relevante. Prácticamente todos las familias del narcotráfico organizado tenían un ámbito de acción internacional, y el tratar de hacer comprender al Inspector que la colaboración con el resto de países de Centroamérica y sobre todo Brasil, la gran exportadora de cocaína, era fundamental había sido una tarea lenta pero gratificante. ¿De qué servían las acciones aisladas? ¿De qué servía “pillar” a dos narcotraficantes aislados en vez de a la cabeza pensante que movía las grandes cantidades de droga desde el origen hasta todos los puntos de la costa, para nutrir a los siempre ávidos turistas?
Esa tarde llegó un mail que, sin tener nada de particular, volvía a hablar del tema del hidroavión estrellado, ¡otra vez el avión! Por algún motivo, Emilio tenía cariño a Gabriel. Apenas hablaban y sus formas de entender el trabajo de la Brigada Antidrogas eran totalmente opuestas, pero este último llevaba un tiempo interesado en el asunto del avión, así que Emilio, sin pensarlo demasiado, casi como una muestra de compañerismo, imprimió el mail y se lo entregó al Jefe de Investigaciones. El texto escueto y escrito por alguien poco acostumbrado a los formalismos decía así:

“En la Playa de la Ventanilla, en el sitio en el que se estrelló el avión, varios hombres de la zona, en nuestra salida nocturna habitual de ayer noche – para buscar huevos de tortuga- vimos ayer a un par de personas escarbando en las inmediaciones. Al iluminarles con las linternas salieron huyendo despavoridos sin que al llegar nosotros al avión pudiéramos ver nada de especial. Aunque no le dimos importancia, en el pueblo las mujeres dicen que algo de malo tiene ese avión y que no es la primera vez que se ve a gente, siempre por la noche, por allí. También dicen, que la gente que se acerca desaparece y que si no se lo llevan los militares va a traer mala suerte al pueblo y la gente ha dejado de acercarse por la zona”

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EL AVIÓN

El mail resultaba algo pueril, pero sin embargo Gabriel pareció encantado con el mismo. Siempre tan atento este chico, Emilio, pensó. Y la noticia le pareció lo suficientemente curiosa como para volver a la playa, una vez más el avión volvía a su vida, y esta vez de noche. Prepararía la inspección, sin decir nada al jefe, que le habría disuadido, estando como estaba últimamente tan centrado en el cumplimiento de horarios y control de objetivos, y siempre más pendiente de lo que dijeran los federales que de controlar su propio estado. Las cosas estaban cambian mucho desde que él había llegado a la unidad. Pero en cualquier, sería esta misma noche cuando iría. Quizá le podía plantear a Emilio que le acompañara, o no, mejor iría solo.

Esa noche, preparó algo de comida, cogió su petaca, sin la que hacía tiempo que no podía salir, la llenó de whisky, un paquete de cigarrillos y una linterna. La noche sería larga y tenía intención de pasársela agazapado lo suficientemente cerca del avión para poder escuchar las voces de alguien en caso de que viniera.

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SIEMPRE EL AVIÓN

A la mañana siguiente, el Inspector, liado al teléfono como siempre, trataba de rematar un asunto sobre el que llevaba trabajando meses. Los colombiano, siempre ellos, si el equipo del departamento de la aduana especializado en drogas, con el trabajaban en estrecha colaboración, conseguían echar el lazo a un camello de poca monta, todos los operativos de su unidad tendrían que ponerse en marcha, tras pedir las órdenes judiciales de allanamiento … sin las cuales no podían hacer nada, aunque sabían desde hace tiempo donde vivían y se ubicaban distintos almacenes de coca en la zona. Y este Gabriel, donde se había metido? Su Jefe de Investigaciones, en un día tan importante para la Unidad, y no aparecía por ningún lado. Le dijo a su secretario, que le localizase a la máxima brevedad, enviando a alguien a su casa si era necesario, pero fue en vano. Gabriel no aparecía por ninguna parte. ¿Es que todo tenía que hacerlo él?. Las llamadas de la aduana se sucedieron, las órdenes judiciales se emitieron, y él con apenas 8 hombres tuvo que organizar rápidamente 4 registros simultáneos fruto de los cuales se incautaron de 800 kilos de cocaína. Después de tantos meses siguiéndoles la pista … al fin habían caído. La rueda de prensa fue escueta, como siempre, pero la Brigada estaba cansada, satisfecha y orgullosa, y, aunque la policía aduanera y los federales habían conseguir presentarse ante el pueblo como los auténticos protagonistas, el Inspector y sus hombres estaban de enhorabuena. Y la Unidad estaba de fiesta, cuando alguien interrumpió al Inspector para reclamarle al teléfono. Le llamaban del Centro de Conservación de la Naturaleza de Ventanilla, al parecer uno de los cocodrilos que tenían en cautiverio en el Centro, había vomitado lo que parecía ser una placa de policía.

El Inspector, extrañado, con la sensación que tiene alguien que está a punto de darse cuenta de algo que todavía solo entrevé, cogió a Emilio del brazo, y apartándole un poco del resto le contó brevemente lo que desde La Ventanilla le acababan de decir. ¡Otra vez ese avión! ¡Si hasta él mismo había escondido el expediente en su despacho para tratar de zanjar de una vez por todas la cuestión!

Emilio, solo dijo: - Inspector, es Gabriel, voy para allá. Cogió su chaqueta, buscó a Laura con la mirada sin encontrarla y se dirigió hacia el coche mientras pensaba en aquel mail ….. que hace apenas un día había decidido imprimir, en su risa contenida al leerlo, en las mujeres del pueblo, y en el avión, siempre el avión.